The only way to dominate the business is to legalize drugs!

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Former President César Gaviria also affirmed that drug prohibition does not work to combat drug trafficking. Former Colombian President Juan Manuel Santos and César Gaviria spoke about drug policy in Colombia and agreed that the country lost the war against drug trafficking and therefore it is necessary to look for alternatives other than prohibitionism.

 

La única forma para dominar el negocio es legalizar las drogas: Juan Manuel Santos
Por: Martín Bayona
El expresidente César Gaviria también afirmó que el prohibicionismo en las drogas no funciona para combatir el narcotráfico.
Los expresidente colombianos Juan Manuel Santos y César Gaviria, hablaron sobre la política de drogas en Colombia y coincidieron que el país perdió la guerra contra el narcotráfico y por consiguiente hay que buscar alternativas distintas al prohibicionismo.

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Anti-drug Policies in Colombia: Successes, Failures and Losses. Like everything from the former president, it is a serious, direct and good writing Argued.


El expresidente Juan Manuel Santos expresó directamente que la única forma de dominar el negocio de las drogas en Colombia es legalizarla.
“El consumo de drogas no va a desaparecer en el mundo, pero si se puede disminuir y regular pero para eso hay que legalizarla y hay que volverlo una política legal donde el Estado asuma el control, capte los recursos y pueda ser una política mucho más efectiva que la que hemos hecho en los últimos 50 años”, señaló el exmandatario Colombiano.
Ambos expresidentes colombianos criticaron la política de presidente de los Estados Unidos, en ese sentido tanto Juan Manuel Santos como César Gaviria señalaron que no hay que tener miedo a una desertificación que es un mecanismo que EE.UU. ya no utiliza.

 

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Former President Juan Manuel Santos directly expressed that the only way to dominate the drug business in Colombia is to legalize it.


Santos señaló que el Gobierno colombiano debe entender que el tema de la desertificación debe ser de doble vía. “A Colombia y los países productores se les exige como se ha visto en múltiples ocasiones, nos dicen, ustedes tienen que reducir los cultivos de coca o sino los descertificamos, ¿por qué no les decimos nosotros , por ejemplo ,que reduzca el consumo de drogas en Estados Unidos o sino nosotros también lo descertificamos?”, manifestó Juan Manuel Santos.
Por su parte, “Hablar de que nos van a desertificar ya linda con el absurdo y a mi me da rabia que en Colombia no contestemos con rabia, porque es que no hay derecho a que nos amenacen y amenacen de que porque primero la descertificación es una cosa que ya desapareció hace rato, los Estados Unidos abandonó eso porque era contraproducente y eso quedó atrás”, indicó César Gaviria.
Ambos expresidentes estuvieron en un panel sobre el proyecto de acto legislativo que se discute en el Congreso de la República para legalizar la marihuana con fines recreativos como medida de contrarrestar el narcotráfico. Este panel fue conducido por los autores del proyecto Juan Carlos Losada y Juan Fernando Reyes Kuri ambos del partido Liberal.
Los expresidentes Santos y Gaviria, se mostraron en concordancia con el proyecto de acto legislativo que será discutido en segundo debate en la plenaria de la Cámara de Representantes.
El prólogo de César Gaviria al libro Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos. Como todo lo del ex presidente, es un escrito serio, directo y bien argumentado.
Pero la conclusión se queda corta. Luego de afirmar y sustentar que la actual política antidrogas en el mundo es un fracaso, por el simple hecho de que cada año hay más consumidores en el mundo, concluye que el replanteamiento parte de construir la nueva política desde la perspectiva de la salud pública y no la seguridad nacional. Cierto, pero eso es apenas la mitad del camino.
La solución real, basada en el diagnóstico de Gaviria, es que se requiere un acuerdo en el seno de la ONU para legalizar las drogas ilícitas. Mientras eso no ocurra, el peso de la política seguirá en las estrategias represivas tanto de narcotraficantes como de consumidores. Y todo el presupuesto de los países se va en eso: persecución a través de la fuerza pública.
Lo mismo que ocurrió con la prohibición del licor en Estados Unidos. Hasta que no se legalizó su producción y venta, todo el esfuerzo estatal se concentraba en la guerra. Pero este no es un buen ejemplo para el caso de las drogas ilícitas. Son otros tiempos y hemos aprendido de los errores del pasado.
La realidad es esta: hoy, los países invierten sumas ridículas en prevención y tratamiento de drogadictos. El 95 por ciento de los presupuestos nacionales se gasta en interdicción, persecución, juzgamiento y encarcelamiento de traficantes ilegales y consumidores. Cuando lo lógico, humano y razonable, es que ocurra lo contrario: que este problema se asuma como de salud pública y se impulsen campañas masivas para prevenir la drogadicción en niños, adolescentes y adultos. Legalizar para que haya menos consumo.
Estamos en el peor de los mundos. En casi todos los países, incluido Colombia, el último eslabón de la cadena de las drogas es legal (dosis personal), mientras todo lo anterior (siembra, procesamiento y venta) es ilegal; el absurdo más grande a la vista de las autoridades y nadie parece enterarse. Se fuma marihuana y se consumen otras drogas legalmente, en parques y sitios públicos, bajo la modalidad constitucional de la dosis personal, mientras, año tras año, decenas de policías y soldados mueren enfrentando narcotraficantes que siembran, procesan y comercializan estas drogas. Esta y no otra es la mayor incongruencia de la política antidroga a nivel mundial. Los derechos civiles e individuales en el mundo han avanzado vertiginosamente a lo largo de las tres últimas décadas. En Colombia llegaron con la Constituyente de 1991, liderada por el Gobierno Gaviria, y poco tiempo después la Corte Constitucional aprobó la legalidad de dosis personal de ciertas drogas. Si no se acepta esta realidad, aún con el enfoque de la salud pública, la política antidrogas en Colombia y el mundo seguirá siendo un fracaso, y en 10 o 20 años estaremos en el debate de legalización. ¿Por qué no hacerlo desde ahora?

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The prohibition of the United States between 1920 and 1933 stimulated the smuggling of liquor from several countries, including Cuba. ... The smuggling of liquor was joined by illegal immigrants and narcotics during the 1920s and 1930s.


¿El beneficio? Muchos: se acaba la financiación de guerrillas y paramilitares en Colombia –quizá con esto finaliza el conflicto interno–; nos evitamos muchos muertos en la fuerza pública; e iniciamos campañas de prevención de la drogadicción y atención profesional y sostenida a los adictos. No hay una sola consecuencia negativa de legalizar las drogas en el mundo, mediante un acuerdo de países en el seno de las Naciones Unidas. Lo que se requiere es ver las cosas distintas, un nuevo paradigma, un nuevo liderazgo en este tema. Un liderazgo positivo, humano y con visión de futuro, el mismo que impulsó César Gaviria hace 20 años.
“Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo exportando el 90% del alcaloide que se consume a nivel global. Y mientras los colombianos asumen los costos humanos, económicos y sociales de la guerra contra las drogas, los países consumidores, imponen al mundo su política prohibicionista y con ello originan y alientan una guerra que nunca han tenido ni tendrán que padecer”

 

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Durante más de medio siglo el negocio ilegal de sustancias psicoactivas ha sumido a Colombia en una violenta guerra en la que la vulneración de los DD.HH. y la violación de muchas de las reglas del derecho internacional humanitario por parte de todas las partes involucradas se ha convertido en una constante. La población civil, como es usual en estos casos, es quien ha sufrido las peores consecuencias. Esta guerra librada por los Grupos Armados Narcotraficantes (GAN) contra el Estado y la población civil se debe al tráfico de sustancias psicoactivas, principalmente al negocio de la cocaína, pues las multimillonarias utilidades derivadas de su venta ilegal son la fuente de financiación más importante de estos grupos para sostener el costo la guerra. Si bien es cierto que en el país también se producen marihuana y heroína, la producción de cocaína es, sin duda, el negocio más importante y lucrativo para los GAN. Hay que mencionar, sin embargo, que el mercado de la cocaína per se no es el causante de la guerra; ésta se genera, mantiene y agudiza por las cuantiosas rentas que obtienen los GAN procedentes de su venta, las cuales, a su vez, se derivan de la prohibición estatal. Así pues, es el enfoque prohibicionista de la política de drogas colombiana y no el mercado de la cocaína, o de las sustancias psicoactivas en general, el que crea las condiciones propicias para que la guerra germine y se mantenga vigente en el tiempo.
Por eso, en respuesta a una sociedad curtida por el dolor y la violencia que ha generado una guerra de más de cinco décadas, el senador Iván Marulanda, de la mano de su colega Feliciano Valencia radicó en el Congreso de la República un Proyecto de Ley que busca regular la hoja de coca y sus derivados en Colombia. Ésta, se configura como la segunda iniciativa legislativa dentro del marco de la alianza multipartidista que busca un cambio de paradigma en la política de drogas colombiana. Así, el Proyecto pretende que Colombia sea la primera nación en el mundo en regular todas las etapas del mercado de la cocaína, a saber: la producción de la hoja de coca, la transformación en pasta y base de coca y la distribución y venta de cocaína. El Senador Marulanda piensa que, si realmente se quiere acabar con la guerra en Colombia, es absolutamente necesario quitarles a los GAN el negocio de las drogas; y, la única forma efectiva de hacerlo es a través de la regulación, pues el fracaso del modelo prohibicionista es evidente.
¿Por qué regular la hoja de coca y sus derivados?
El Senador Marulanda fue compañero de Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara, asesinados por las mafias en la década de 1980; combatió junto a ellos al narcotráfico bajo el esquema prohibicionista que durante muchos años apoyó. Sin embargo, hoy, el legislador piensa que después de 50 años de violencia incesante a causa del negocio ilegal de las sustancias psicoactivas, la política prohibicionista, que una vez defendió, se ha tornado obsoleta, por lo que su declive es inminente y debe cambiarse el enfoque.
los de control estatal.