Por: Martín BAYONA
La historia de la raza negra en el fútbol es un relato de superación, genialidad y lucha constante contra el racismo. Desde los campos de tierra hasta la élite global, los futbolistas afrodescendientes transformaron el deporte rey, aportando talento, velocidad y el estilo alegre que hoy define al balompié mundial.
El fútbol es un elemento cultural muy importante en la historia de los negros de todo el planeta, pero además reproduce los comportamientos positivos o negativos de la sociedad, y también ayuda a consolidar las estructuras sociales.
Brasil, por ejemplo, se ha proclamado cinco veces campeón del mundo, con los títulos de 1958, 1962 y 1970, 1994 y 2002. Los protagonistas fueron siempre los negros: Pelé, Garrincha, Jairzinho, Ronaldo, entre muchos otros. Los ídolos negros brasileños han internacionalizado la cultura brasileña a través de su juego y habilidad, con títulos mundiales y giras por el planeta. De esta manera consolidaron el reconocimiento de Brasil como el país del fútbol. La popularización de un deporte implica la identificación del público con su cultura, y los propios ídolos construyen esta identificación.
En este Mundial, aparte de las selecciones Africanas y Sudamericanas como Brasil, muchos países tienen jugadores afrodescendientes, o deportistas nacidos en África.
El racismo sigue muy presente en la cultura futbolística mundial hasta hoy, y necesita ser debatido a través de sus estructuras. El racismo va mucho más allá del insulto del “mono” y hay que entenderlo así. Cuando un deportista, además de su rol de ídolo cultural, se manifiesta políticamente en una causa por su pueblo, puede cambiar parte de esa estructura.
El deporte reproduce estructuras sociales, pero también tiene el poder de modificarlas. El camino es muy largo, pero el fútbol es una parte muy importante de este proceso.




